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Ideas Nueva Derecha

Dominique Venner ¡Presente!

El último samurái de Occidente. Siete años de su partida.

Lo recuerdo con cierta claridad, mayo de 2013, llegue a casa y me comunicaron la noticia: “Dicen que Venner se ha suicidado en Notre Dame”. Conocíamos a Venner de las antiguas historias que contaban ciertos veteranos españoles del ambiente disidente francés. Había sido paracaidista en la Guerra de Argelia y más tarde miembro del grupo político militar clandestino OAS, que se fundó en Madrid en 1961. En los cincuenta fue miembro de Jeune Nation y dirigía el bimensual Nouvelle Revue d´histoire. Por su curtido recorrido político, leíamos con interés cualquier escrito que traducido al castellano llegaba a nuestras manos. No lográbamos entender lo que había ocurrido, a sus 78 años no estaba especialmente enfermo como para que la desesperación le animase a quitarse la vida. Tampoco entendíamos que el lugar escogido fuese la Catedral de Notre Dame, pues Venner no era católico. Rápidamente buscamos en la prensa convencional alguna noticia al respecto, y encontramos varias notas que indicaban los motivos del suicidio. Por aquel entonces se estaba llevando adelante la promulgación de la ley del matrimonio homosexual en Francia, contra la que Venner se había pronunciado en diferentes ocasiones. Y sin pensarlo mucho, la prensa del sistema, en un alarde de pereza mental ligaron la idea del matrimonio homosexual y su suicidio en la Catedral más famosa de Paris. Como no quedamos satisfechos con esta información, rápidamente hice una llamada a un buen amigo que siempre está al tanto de lo que ocurre en el ambiente disidente europeo, y efectivamente, Venner se había pegado un tiro hacia dos días. Y eso no era todo, había dejado un nota, una misiva para los nacionalistas europeos sobre el altar de la Catedral. Escuche en silencio aquellas palabras desde el otro lado de la línea, ahora todo cobrara sentido. La profundidad de aquella nota no era la típica despedida de un desesperado, era algo mucho más intimo, de carácter mishiminiano, aquello era un gesto eminentemente político. Militante de principio a fin, su avanzada edad no era motivo para quedarse en casa y lamentarse de la situación “ante peligros ingentes que se alzan para mi patria francesa y europea, siento el deber de actuar hasta que aún tenga fuerzas para ello”. Podemos no compartir la acción tomada y podemos no creer que sea el mejor de los finales, pero algo que no se puede negar es que su suicidio ritual trata de ofrecerse en mito, a un movimiento europeo en declive. Impregnado con la mística política, pasaría a engrosar el imaginario simbólico europeo. Él mismo lo indicaba en sus últimas palabras “Juzgo necesario sacrificarme para romper el letargo que nos agobia. Ofrezco lo que me queda de vida con intención de protesta y de fundación” Parece contradictorio, pero en la temática del sacrificio europeo, la inmolación para llevar a cabo la transferencia ritual de la vida por medio de la muerte, se plasma en la fundación de los principios relativos a la muerte triunfante. El propio Venner lo rescataría de la tradición occidental que tanto gustaba a Mishima del muerto triunfante (Mors Triumphalis). Dejemos que sea el propio Venner quien nos convenza de que la muerte no es el final, y que hay un paso triunfante, sacrílego por supuesto, pero no más sacrílego que la inmolación del propio hijo de Dios por el perdón de los pecados o del último tribuno de Europa por el futuro de Occidente: “En la tradición europea el suicidio se honraba tanto como lo hacían los samuráis. Releamos a Tácito. Cuando Catón de Útica, Séneca, Petronio y tanto más ponen voluntariamente fin a sus días, son fieles a la filosofía estoica que enseña a morir si ya no vale la pena vivir. Numerosos ejemplos femeninos, la legendaria Lucrecia, Servilia, esposa de Lepidius, o Arria que animó a su marido Pætus clavándose un puñal en el pecho (Pæte, non dolet) muestran que los romanos tenían un sentido igual de vigoroso de la dignidad, del valor y del deber. Aunque de forma menos constante, la Antigüedad griega también honraba la muerte voluntaria. En primer término, en la persona de Aquiles, héroe por excelencia que escogió, con conocimiento de causa, una vida breve y gloriosa antes que una existencia larga y mediocre. Otro ejemplo para los griegos era Ajax, que borró con su suicidio su deshonor. Se sabe que los celtas practicaban el suicidio al igual que los romanos. Abundan los ejemplos en su historia: tanto el de Brennus como el de los guerreros de Numancia que prefirieron darse la muerte antes que sufrir la derrota y la cautividad, es decir, sufrir una vida indigna.”1

En otro texto nos desvela sus inquietudes: “la muerte voluntaria, atributo del Japón de los samuráis, puede traducirse en alta aspiración al honor y a la dignidad” También reserva una mención para los último héroes “es imposible no sentir estima por el almirante von Friedeburg, último comandante en jefe de la Kriegsmarine, que se dio muerte después de haber sido obligado a firmar la capitulación de 1945”1.

Durante uno de los homenajes en Paris

Contradictorio o no, el camarada Venner decidió su trágico final. Ya había trabajado suficiente en sus Ideas y quiso lanzar un mensaje ensordecedor, bañado en sangre, para aquellos que ahora siguen su camino. No sería bueno ni inteligente que todos nos fuéramos protestando cual samurái honorifico, pero quizá sea preciso que de vez en cuando se alimente nuestra imaginería con su tributo en sangre, para que ninguno de nosotros tenga la excusa de la inacción o la desidia y recorramos el sagrado sendero de la lucha.

“Acabar con estilo no está en manos de todos. Lograr la propia muerte es uno de los actos más importantes de la vida de un hombre” Que nunca se olvide su ejemplo y que este nos acompañe.

Rubén M González

Nota: 1. “El sentido de la vida y de la muerte”, La Nouvelle Revue d’Histoire. Marzo-abril de 2008


Carta de despedida de Dominique Venner:

Las razones de una muerte voluntaria

Estoy sano de cuerpo y de espíritu, y estoy lleno de amor hacia mi mujer y mis hijos. Quiero la vida y no espero nada más allá de ella, salvo la perpetuación de mi raza y de mi espíritu. Sin embargo, en el ocaso de esta vida, ante peligros ingentes que se alzan para mi patria francesa y europea, siento el deber de actuar hasta que aún tenga fuerzas para ello. Juzgo necesario sacrificarme para romper el letargo que nos agobia. Ofrezco lo que me queda de vida con intención de protesta y de fundación. Escojo un lugar altamente simbólico, la catedral Notre-Dame de París que respeto y admiro, esa catedral edificada por el genio de mis antepasados en sitios de culto más antiguos que recuerdan nuestros orígenes inmemoriales.

Cuando tantos hombres se hacen esclavos de su vida, mi gesto encarna una ética de la voluntad. Me doy la muerte con el fin de despertar las conciencias adormecidas. Me sublevo contra la fatalidad. Me sublevo contra los venenos del alma y contra los deseos individuales que, invadiéndolo todo, destruyen nuestros anclajes identitarios y especialmente la familia, base íntima de nuestra civilización multimilenaria. Al tiempo que defiendo la identidad de todos los pueblos en su propia patria, me sublevo también contra el crimen encaminado a remplazar nuestras poblaciones.

Como el discurso dominante no puede abandonar sus ambigüedades tóxicas, les corresponde a los europeos sacar las consecuencias que de ello se imponen. No poseyendo una religión identitaria a la cual amarrarnos, compartimos desde Homero una memoria propia, depósito de todos los valores en los cuales podremos volver a fundar nuestro futuro renacimiento rompiendo con la metafísica de lo ilimitado, origen nefasto de todas las derivas modernas.

Pido de antemano perdón a todos aquellos a quienes mi muerte causará dolor, y en primer lugar a mi mujer, a mis hijos  y nietos, así como a mis amigos y fieles. Pero, una vez desvanecido el choque del dolor, estoy convencido de que unos y otros comprenderán el sentido de mi gesto y trascenderán, transformándolo en orgullo, su pesar. Deseo que éstos se concierten para durar. Encontrarán en mis escritos recientes la prefiguración y la explicación de mi gesto.


Algunos de los libros editados en español:
¿Qué es el nacionalismo? Ediciones Fides, 2014.
Un samurái de Occidente. Breviario de los insumisos. Ediciones Fides, 2016.
El enviado de Homero. Editorial EAS, 2018.
Europa y su destino. Ediciones Áltera, 2010.